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* LA ÚNICA CANIJA CASUALIDAD * DERRUMBES; UNOS POR EL SISMO Y OTROS POR LA CORRUPCIÓN

Columnistas

Por Martha Elba Torres Martínez

Septiembre 22 de 2017. Los chilangos, México, rendíamos homenaje a las víctimas del 85 con el simulacro conmemorativo de tan dolorosa fecha y ¡tómala barbón! que nos vuelve a zangolotear Geia.

No nos agarró tan desprevenidos porque algo nos dejó tan dramática experiencia, pero seguimos de confiadotes.

A las 96 horas de que el terremoto de 8.2 de la casi media noche del 7 de septiembre aterró Chiapas y Oaxaca, ya se habían registrado mil 300 réplicas. El mayor pico de 6.1 grados. Pero la advertencia estaba dada por el Servicio Sismológico Nacional: continuaría temblando por varios días o semanas e incluso meses sin que sea posible conocer cuándo se detendrán, de acuerdo a la agencia Xhinhua que retomó http://suracapulco.mx/wptest/index.php/2017/09/12/ssn-preve-continuacion-de-replicas-del-sismo-de-8-2-grados/

Y doce días después ¡rájale!

Solo en política nada es casualidad, pero en la naturaleza sí, sostienen hoy algunos sismólogos, sencillamente porque estamos en una zona muy activa del Círculo de Fuego del Pacífico. Y para otros, tampoco hay relación entre el temblor del día 7 y el de este 19, como dice el científico mexicano Víctor Cruz: “no hay ninguna razón para vincularlos, son especulaciones”. (http://www.perfil.com/internacional/mexico-y-la-maldicion-del-19s-los-terremotos-no-estarian-relacionados.phtml)

“Se trata de nuevo terremoto. No hablaríamos de réplica del anterior porque está entre 200 y 300 kilómetros de distancia. Está muy distante de la zona donde se puede esperar una réplica. El epicentro estuvo ahora bajo Puebla, en una zona continental. El otro estaba en la zona marina, donde el mapa de México se hace más angosto”.

Por eso, por esa canija casualidad, parecería castigo divino que no lo es…

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Pero tampoco hay que perderse en el contexto de esta tragedia, que entre esta, y la de 32 años atrás, solo hay una coincidencia: la fecha y la lluvia del día siguiente.

Primero, las víctimas. A ciencia cierta, nunca hubo un dato preciso sobre los muertos del 85. La cifra de los 10 mil, fue eso, una cantidad a ojo de buen cubero que le estimaron a un aturdido Miguel de la Madrid que no sabía qué hacer ni qué decir. Hoy, hay que reconocerlo, la respuesta fue rápida.

Ciertamente, otra vez, la sociedad civil con esa valentía y arrojo que nos caracteriza a las y los mexicanos, respondió, pero nada más lo que tardaron las fuerzas armadas que se encontraban desplazadas en otras partes, tomaron el control.

En el 85 trabajaba en el periódico El Nacional y me tocó la cobertura en la zona del monumento a la Revolución. Recuerdo un edificio viejo de departamentos que se derrumbó. Cuando toda esperanza de encontrar sobrevivientes se desvaneció, entraron las máquinas y entre el polvo y escombro aparecían restos humanos. Ya no se detuvieron. Al camión de volteo y a las fosas comunes que se improvisaron.

Y lo que son las cosas, hace 32 años, miles de víctimas fatales cuando era menor población y ahora, que son un tititipuchal, fallecieron menos. Otra gran diferencia: la cultura sísmica que prendió entre los capitalinos y los nuevos reglamentos en construcción.

Esta el status de las zonas más impactadas. En 85, mayoritariamente Jodinez y ahora, Jodinez y Ricardez. Y me detengo con los reglamentos de construcción, que en su momento las familias afectadas en sus inmuebles tendrán que exigir cuentas a las autoridades, porque lo que les tumbó sus propiedades fue la corrupción. El mismo delegado de la Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, reconoció que 9 de cada 10 viviendas no estaban aseguradas contra sismos, cuando la norma lo obliga. Y otra, sobre terrenos de casas viejas se construyeron edificios de muchos pisos.

Viene al caso una anécdota con pruebas.

En 2014, mi iluso hijo y su esposa, ambos médicos y con un futuro por delante, pusieron los ojos en un depa de un lujoso edificio en cerrada Portales de la colonia Santa Cruz Atoya, delegación Benito Juárez. Ni juntando su Infonavit y Fovissste les alcanzaba para completar siquiera la mitad de enganche. El costo: 4 millones de pesos aproximadamente. Una hipoteca así, los asfixiaría en un santiamén. Con un buen choro mareador lo convencí que esperara un mejor momento para dejar de pagar renta.

-¡Bruja! Me dijo después del día 19. El edificio de departamentos sufrió tal daño que fue ya  declarado inhabitable y tendrá que derribarse. Apenas fue construido hace una década, y supuestamente bajo los estándares antisísmicos que se fijaron después del 85.

Por lo que a este edificio, como señale, lo tumba la corrupción…

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Pero estaba en las numerosas diferencias.

En el del 85, la mejor tecnología disponible era la radio de banda ancha y el fax. ¡Qué dispositivos ni qué ocho cuartos! Reporteábamos con teléfono fijo. El único que tenía un radioteléfono fue el difunto Jacobo y de ahí su histórica narración de lo que estaba viendo. Hoy fue una herramienta no solo útil para localizar de inmediato a familiares, sino para ser rescatados. Así que desde la 1.14 de este 19, pudimos seguir en vivo y a todo color desde el interior del país, lo que esta sucediendo.

Y en el contexto mediático, está también la rapidez en que el caso de la jovencita Mara Castilla, literal, se esfumó para dar paso al nuevo torrente de una tragedia mayor. No. No hay tragedias mayores ni menores, sino dolores personales.

Y a estoy voy, porque todavía el lunes 17 y martes 18, las “estrellas del firmamento” de Televisa le preguntaban al aire a la pobre madre que acababa de enterrar a su pequeña, “¿cómo se siente?”.

Para mis pulgas, primero, no les tomo la llamada a López Dóriga y a Ciro Gómez y en el caso: ¡¿Cómo crees, pendejo?!

Porque eso mismo hicieron con las mamás de Lesvy y de la pequeña Valeria, nada más por mencionar algunas y porque no hay nada más seguro después del día y la noche, que otra noticia siempre mata la noticia.

Yo digo. Al recabrón violador y asesino lo podrán refundir en la cárcel si no es que otro ministro o ministra misógina, porque también las hay, terminan criminalizando a la pequeña. Fue su culpa. Pero la pobre madre, las pobres madres de tantas niñas, ¿quién les quita su dolor frente al dolor de cientos y miles de dolores…

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Pero la vida sigue. Y como hace 32 años, la grandiosa Ciudad de México, como Chiapas, Oaxaca, Puebla y Morelos saldrán adelante. Tardarán más, si los partidos, políticos y consejeros electorales no se ponen las pilas y en un acto de auténtica solidaridad humana, trabajan para bajarle a esos 25 mil millones de pesos que costarán las elecciones del próximo año.

Porque ante el daño mayúsculo en escuelas, carreteras y hospitales, nuestras aportaciones humanitarias –que siempre se agradecen- son poco. Y tal vez sea ahora la ilusa al considerar la posibilidad, de que la clase gobernante responda ante la necesidad de miles de familias que se quedaron sin techo, sin nada.

Ya nos enteramos ayer que la póliza del seguro antidesastres que tiene México con el Banco Mundial no aplicará porque la magnitud del sistema 7.1 no alcanzó el piso de 7.8 que marca la cobertura, así que ya no la pelamos. Y qué mejor que echar mano del gasto más inútil: las campañas…

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LA COMIDILLA

El mes de salario que ya puso el michoacano Silvano Aureoles sobre la mesa, para las familias damnificadas. A ver cuántos gobernadores, secretarios de Estado y magistrados del Poder Judicial siguen su ejemplo y formar una buena bolsa. Pero un mes, es como quitarle un pelo al gato de angora… (A)